
Terminó Doña Bárbara, una novela que trajo muchos "hits" a un post que escribí en este blog, sobre todo en su versión en inglés. Esta fue una novela interesantísima para mí por varias razones:
- Es la adaptación en formato largo (191 capítulos) de una novela literaria que no tiene nudos suficientes para tan largo aliento. Por lo tanto, su escritora, Valentina Párraga, hizo magia y un esfuerzo descomunal para llevar a buen puerto a su novela.
- Tuvo un éxito particular en el mercado de los Estados Unidos y logró captar una legión de televidentes que la siguieron con avidez y lealtad.
- Era la novela perfecta para seguir simultáneamente con la novela venezolana que estaba estudiando (La Vida Entera) porque la comparación entre ambas fue súmamente productiva para mi trabajo de investigación. (Ambas presentaban mujeres en posiciones de poder y autoridad en un mundo de hombres. Ambas tenían múltiples tramas secundarias).
- Es una novela de alta factura de producción. Un excelente ejemplo de eso que llamamos "el modelo Telemundo".
Yo escribí en este
blog acerca de la discrepancia entre la "
Doña" que vive en mi mente y la personificada por
Edith González. Esa discrepancia se mantuvo siempre. La
Doña de Telemundo nunca tuvo rostro de guaricha. Sin embargo, la actuación de
Edith González fue de unos matices y una contundencia tales que aprendí a ver a su
Doña Bárbara como otro personaje, que no era el de
Rómulo Gallegos, pero que tenía vida propia y un magnetismo particular. Más allá de que ésta no era "mi"
Doña, la
Bárbara que hizo
Edith me hizo reflexionar sobre la mujer y el poder, la definición de lo femenino y el lugar que ocupan la traición, la venganza y la sensualidad en toda telenovela.
Edith González supo poner en funcionamiento todas las relaciones vitales de la
Doña, tanto las negativas (sus violadores), como las positivas (
Marisela,
Eustaquia,
el Brujeador y
Juan Primito). Me la creí completica.
En Doña Bárbara constaté de nuevo que uno de los nudos dramáticos más productivos es el de madre e hija enamoradas del mismo hombre. Siempre hay mucha tela que cortar porque en paralelo se cuentan realmente tres historias de amores contrariados: Santos-Bárbara, Santos-Marisela y Bárbara-Marisela.
El capítulo final utilizó las herramientas del género para recordarnos por qué el final nos importa y por qué ESE es el final: flashbacks, elipsis de tiempo, personajes hablando directo a la cámara y eventos especiales, como la boda de Pajarote y Genoveva.
La imagen final fue la que yo esperaba: un bongo, el Arauca hacia el infinito, y la Doña y sus muertos más queridos. Es una Doña redimida por una nueva vida más luminosa y por sacrificarse, finalmente, por la felicidad de su hija.
Un final de telenovela.
