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junio 02, 2016

Ando pensando en la química …



"Pero, ¿tienen química?"

Siempre pregunto eso sobre la pareja protagónica cuando se empieza a grabar una novela. La química—esencial para que una pareja funcione ante los ojos del público— tiene mucho de atracción, pero también de comunión entre los protagonistas. Cuando tienen química nos mantienen enganchados porque nos encanta verlos juntos en pantalla y sufrimos con sus separaciones, las cuales soportamos solo porque sabemos que en algún momento vendrá la reconciliación.

En la química hay mucha física. Mejor dicho, físico. Son parejas que sizzle en la pantalla y “nos quitan el aliento”, como me dijo una alumna en clase alguna vez. Las escenas de sexo son fundamentales en eso. Algunas novelas las traen más explícitas y otras más sugeridas. También pasan por el rango que une a lo romántico, lo sensual y lo sexual. Pero allí están siempre.




(Ir a marca 5:22)

Pero, ¿qué pasa cuando la censura del país productor no permite escenas de sexo? ¿Es posible la química?

Es el caso de las series turcas en las que tengo los ojos puestos últimamente. Del sexo solo puedes mostrar un indicativo de que va a ocurrir y el poscoito.  Además, mientras en América Latina (incluyo a Telemundo en este término geográfico-cultural) se hacen novelas de escenas más cortas y tramas más ágiles, en Turquía las series son de una lentitud que puede ser pasmosa:

“…las novelas turcas conceden gran importancia al diálogo gestual, de hecho, los cámaras suelen regalarnos con intensos primeros planos que logran transmitir gran dramatismo e intensidad a la historia. Las pausas reflexivas, a través de los silencios, traen a la luz la tristeza o el arrepentimiento, mientras que el continuo intercambio de miradas expresa el amor, el odio, la pasión, la esperanza o la ilusión, elementos clásicos de las telenovelas románticas que en Turquía son expresados en gran medida a través de estos gestos. Momentos íntimos que son reforzados a través de la música, generalmente instrumental, con temas sonoros de profunda raíz turca que acompañan en todo momento el desarrollo de la trama” (Miguel Ángel, 2016)


Ando pensando en la química porque después de años estudiando telenovelas en las cuales he encontrado parejas épicas e inolvidables, me tropiezo con una pareja impresionante en la serie turca Kara Para Aşk: Elif y Ömer, interpretados por Tuba Büyüküstün y Engin Akyürek. La Web está repleta de videos sobre ellos. Los personajes tienen una de las químicas más poderosas que yo haya visto. Construida, sí, con el discurso visual y gestual que caracteriza a las series turcas y partiendo del piso sólido de unos personajes bien diseñados en la escritura, pero llevado a la perfección por los actores.


Viéndolos sentí que las escritoras pasaron trabajo para separarlos y crear la necesaria tensión en su historia. Emocionalmente la “signorina” y el “komiser” eran realmente inseparables. Podían separarlos físicamente—ella en la cárcel o él en coma, luego de recibir varias balas—pero emocionalmente se acercaban aún más.  Y cuando las guionistas forzaban esa barra, como ocurre hacia el final de la serie, uno lo siente irreal o que las escritoras han traicionado a los protagonistas. Es la química concebida como comunión, la que se construye a punta de maneras de acariciar al otro con la mirada, las lágrimas y la sonrisa. Es la química que va más allá del fuego de los besos y el sexo.

abril 19, 2016

Lo local, lo global, lo "universal"



Ando pensando en lo local y lo global y en la llamada “telenovela universal”.  Recuerdo telenovelas que se hicieron con un contexto genérico—lugar y época no identificables— para que fueran “universales” y se vendieran en diferentes continentes. Pienso en la exigencia del acento y el vocabulario “neutros” para que nos entiendan los que solo están acostumbrados a su propio acento y léxico. Recuerdo las veces que he escuchado a algún ejecutivo pedir una historia que no tenga “localismos”.

Ando pensando que el cine no piensa mucho en hacer las cosas así. Sí, ya sé que no es lo mismo…

Y ando pensando en todo esto cuando veo reinando en las redes sociales estas escenas hechas en Turquía. Observo a estas teleseries sustituir a las telenovelas mexicanas en los Balcanes, el Medio Oriente y hasta en Latinoamérica. Leo que en el 2004 las producciones turcas apenas ganaron diez mil dólares. El año pasado las ventas totalizaron $250 millones.  

(Si el video no salta solo a la marca 1:28:00, hágalo usted)
Los fans ven, comentan, comparten, tararean y repiten estas escenas. Les ponen, inclusive, subtítulos. Pero no los necesitamos realmente. Porque lo que está ahí lo entendemos todos: amor, melodrama, química, talento y valores de producción. 

agosto 22, 2015

Palabras de Presentación de "TELENOVELA ADENTRO"


A PROPÓSITO DE “TELENOVELA  ADENTRO”


                                                                        Leonardo Padrón

                                   
                                  La tradición dicta que la cultura popular suele conquistar el desdén automático de los ámbitos académicos. La llamada intelligentsia gusta de mirar por el rabillo del ojo y con dos dedos cubriendo su nariz a toda manifestación cultural de consumo masivo. En esta vieja historia, la telenovela ocupa un rol protagónico. Contar con millones y millones de adeptos a lo largo del planeta activa todos los recelos. Los círculos intelectuales exudan un sustantivo que es un reflejo automático al referirse a la televisión: prejuicio. La piensan como un burdel gigante y a la telenovela como su celestina mayor. Quizás no es casual que justo ayer se celebrara el nacimiento de José Ignacio Cabrujas, un hombre de teatro y de luminosas neuronas que entregó buena parte de su vida a dignificar la propuesta de la telenovela venezolana. Atreverse a ser también un hombre de televisión le granjeó el desprecio de no pocos intelectuales del patio. Precisamente ayer, a guisa de homenaje, el escritor Gustavo Valle hizo circular en las redes un perfil que publicara hace años sobre José Ignacio Cabrujas. Allí escribió lo siguiente: “No recuerdo en mi época de estudiante en la Escuela de Letras en la UCV la menor mención a su escritura, a pesar de que Cabrujas ya era el gran dramaturgo y el cronista estrella. Así como batía record de lectores, batía record de indiferencia académica. No querían a un escritor de telenovelas entre sus pares. Afortunadamente hoy en día las cosas han cambiado. Para nadie, o casi nadie, es inconcebible pensar la cultura sin la participación de lo popular”.

                  Suscribo las palabras de Gustavo Valle. Claro, tampoco es que a la telenovela le han abierto de par en par las puertas de sus sacrosantos recintos. Pero al menos la han dejado entrar, con cierto aire furtivo. Y ese cambio en la mirada se debe a gente como Carolina Acosta Alzuru, alguien que ostenta un PHD en Comunicación Social en la Universidad de Georgia, y que desde hace 16 largos años se ha dedicado a investigar con profusión y rigor las entrañas del célebre y a la vez satanizado género del melodrama audiovisual. Carolina Acosta muy pronto olfateó el tamaño de la aventura intelectual que iniciaba y siendo su zona de investigación favorita la interacción entre medios, cultura y sociedad entendió que la telenovela era la comarca perfecta para profundizar su análisis.

                  Sus exhaustivas investigaciones sobre el tema han sido premiadas internacionalmente y la han llevado a sitios tan extremos entre sí como la India, Chile, Suecia, España, Irlanda, Turquía, Francia, México o Serbia, para hablar del género donde Venezuela fue vanguardia y hoy llora de nostalgia sobre sus escombros. Así, como saldo de esos 16 años de dedicación, Carolina Acosta nos presenta hoy su tercer libro llamado Telenovela Adentro, un libro peculiar donde, sacudiéndose el corsé académico, la autora da paso a un tono más íntimo y subjetivo y descuelga sobre las páginas una polifonía de textos de distinto origen pero igual desembocadura.

         Tampoco es casual que el epígrafe que inicia el libro sea una frase de Cabrujas: “Estamos iniciando una travesía por un género desprestigiado en los círculos altos y, al mismo tiempo, instalado en la conciencia de nuestros pueblos”. Esa frase resume estupendamente la intención del libro de Carolina Acosta Alzuru. Aquí están sus muchos años de navegación en el mundo del melodrama. Aquí está su mirada más honesta y conmovida, y no por ello, menos rigurosa. Si alguien quiere saber cómo es la trastienda de la industria de la telenovela, he aquí una notable puerta de acceso.  Es, como ella misma lo ha dicho, un libro que se mete debajo de la piel del género.

La televisión, que se basa en la construcción de fantasías, genera a su vez una impresión fantasiosa sobre su naturaleza. La gente suele creer que los actores son insoportables divos que acumulan fortunas en mansiones impensables. El cenital de la fama suele distorsionar la realidad objetiva. La audiencia también supone que el mundo del espectáculo, por definición, está lleno de fatuidad. Una de las zonas que ilumina este libro es justamente ese territorio de falsas leyendas y largo chismorreo que estereotipa la mirada. Aquí, los hacedores del espectáculo (actores, productores, directores, escritores) son revelados en su verdadera dimensión. Este libro descorre el telón sobre los recintos mas privados del gigantesco galpón donde se fabrican historias de amores imposibles. Y, más allá de analizar las tramas argumentales que fascinan a tantos televidentes, se asoma a su complejidad, a sus riesgos, a sus enemigos naturales y a sus héroes  anónimos.

Carolina, como toda académica que se respete, se ha basado en dos métodos indispensables: la mirada que se detiene y la palabra que interroga. La investigadora que observa y toma nota, que pregunta y toma nota. Así, ha ido descubriendo cómo un atajo de 40 páginas de escritura diaria se convierte en emoción, en espectáculo público, en rating, en hecho sociológico, en producto cultural. Por eso aquí está también el país del presente, la Venezuela agobiada por la censura, y su hija oscura, la autocensura, está aquí la crisis severa, la terapia intensiva que hoy somos, la mirada a otras latitudes que ahora reinan sobre el género, está aquí la mirada sobre eso que llaman la telenovela internacional que va desde Doña Bárbara, versión Miami, a la Reina del Sur, emblema exitoso de la llamada narconovela.

No dejo de celebrar que alguien que se ha formado en las entrañas de los pasillos universitarios luche de forma tan enfática por entender las más íntimas resonancias sociales de un género tan satanizado y, a la vez, tan irreversiblemente popular como la telenovela.

          Telenovela adentro también nos sirve para entender que quizás todo país tiene la telenovela que se merece. Y que recuperar la radiante industria que alguna vez fuimos pasa por recuperarnos a nosotros mismos.
 

mayo 27, 2012

CINCO AÑOS SIN RCTV


Hoy hace cinco años el gobierno de Hugo Chávez no le renovó la concesión a RCTV. Y lo cerró. 

No me gusta ni santificar ni satanizar, son extremos que no conducen al análisis. RCTV era una empresa mediática como todas. Se debatía entre lo comercial y la responsabilidad social. Producía con variable calidad, ocurrían allí cosas buenas y no tan buenas. Hizo historia, fue escuela, formó talento, y también lo despidió muchas veces injustamente. Y, hay que decirlo, en los meses antes de su cierre sus telenovelas perdían contra las de Venevisión. 

Pero la medida del gobierno tuvo un solo motivo: callar una voz opositora que hablaba con volumen alto. 

Y amedrentar.   

Hoy nuestra televisión no es mejor de lo que era hace cinco años. Nuestra industria de la telenovela ha sufrido de manera particular:

  • Se redujo, literalmente, a la mitad. 
  • Se produjo un éxodo de talento a otras latitudes.
  • Al no tener un competidor en igualdad de condiciones, las telenovelas de Venevisión ya no tienen el engarce con el público, el riesgo y la inversión de hace cinco años. 
  • Venevisión ha ido absorbiendo el talento de RCTV y lo ha puesto a trabajar. Y, en menor grado, así también lo ha hecho Televen. Eso se agradece y se aplaude. 
  • Sin embargo, una vez que un canal ha visto cómo a otro lo cierran, la urgencia por sobrevivir se traduce con frecuencia en autocensura. Así ha sido con Venevisión y Televen. 
La pregunta que queda es: ¿qué es peor para la televisión y la telenovela venezolana, la Ley Resorte (reguladora de contenidos) o las consecuencias del miedo a ser cerrado como RCTV?

Hace cinco años, toda Venezuela perdió. Y no nos hemos recuperado.




mayo 04, 2012

Despidiéndome de Lulú



Anteayer murió Lourdes Valera, talentosa actriz y hermoso ser humano. Lulú fue la primera actriz a la que entrevisté en mi vida. Yo llegué a esa conversación hace 12 años totalmente ignorante del arte y oficio del actor. Mi única experticia era en la “Chiqui”, el personaje que ella hizo en El País de las Mujeres. ¡Aprendí tanto en esa primera entrevista! Después vinieron muchas conversaciones, personajes y enseñanzas más. Y también llegó la amistad. Hace rato.


Creo que nunca he conocido una actriz o actor más agradecido que Lulú. Jamás la vi escamotearle nada a sus personajes, ni quejarse de ninguno de ellos. Se entregó a cada uno con pasión y con ese inmenso talento que le permitía transmitir y trascender en todos los registros, desde la comedia hasta el drama. Lo hacía con igual soltura en el cine, en las tablas o en la televisión. Me maravillé mil veces de lo que era capaz de hacerme sentir como público y de lo que me ayudaba a entender como estudiosa. 


Nunca vi a nadie molestarse con Lulú. ¡Era una presencia tan positiva en el trabajo! Una sonrisa permanente. Un profesionalismo a toda prueba. Y ni el cáncer pudo cambiar eso. Lulú asumió la enfermedad con inmensa fe en Dios, un día a la vez, y con la convicción inquebrantable de que el trabajo era su mejor terapia. Fue una clase magistral sobre amor y vida. "Creando otra vida soy feliz", me escribió el 13 de septiembre de 2008.

Un día en La Yaguara, durante las grabaciones de Ciudad Bendita, descubrimos una coincidencia maravillosa: el hijo de su esposo Luis Alberto Lamata y mi hija menor empezarían a estudiar en la misma universidad en Nueva York en el otoño siguiente. Y se nos hizo el milagro de ver cómo nuestra amistad se multiplicaba en nuestros hijos. Es algo que nos llenó de inmensa alegría y que nos unirá para siempre.




Desde hace dos días la prensa y las redes sociales están llenas de reportajes y homenajes a Lourdes. Me paseo por ellos con la satisfacción de saber que todas esas palabras e imágenes son merecidas y justas, que su familia artística la abraza en este viaje final, que Luis Alberto no está solo, ni Nohely, su amiga del alma. Y siento la tenaza del dolor de no poder estar allá. 

No es la primera vez que me toca pasar un luto de lejos y sin el beneficio de eso que los americanos llaman “closure” (cierre). Es uno de los saldos de vivir fuera de mi país. El más difícil de todos.  El luto, cuando toca de lejos, es la experiencia más solitaria del mundo. Te abrazas es con los recuerdos. Y aunque todos son hermosos y risueños, es imposible no llorarte, Lulú. 
¡Feliz viaje, amiga querida! ¡Gracias por tanto!






  

noviembre 08, 2011

EN LAS NOTICIAS--NOV 2-8, 2011



La IX Cumbre de Telenovelas tuvo lugar la semana pasada en Miami, generando algunos reportajes. Aquí, dos de ellos:


Creadores de telenovelas defienden el género en una cumbre en Miami (AFP, vía Univision)
Creadores de telenovelas de 22 países se reunieron esta semana en Miami en la novena cumbre mundial del gremio que defiende a capa y espada el género que patentó América Latina y que "hoy está más vivo que nunca", con ventas de formatos o 'enlatados' a Asia, Europa y hasta Afganistán. [Leer más...]
Nota: La versión en inglés de este artículo habla de las telenovelas como la encarnación latina de las soap operas. Un error común que difumina las importantes diferencias entre los dos géneros (1, 2).


Las telenovelas tienen el reto de llegar al público juvenil, según expertos (EFE)
Miami (EE.UU.), 7 nov (EFE).- El lucrativo mundo de la telenovela, uno de los más rentables de la industria del entretenimiento, tiene el reto ante sí de llegar al público juvenil a través de nuevas plataformas y dispositivos móviles, según coincidieron en destacar expertos del sector reunidos en Miami. [Leer más...]
Nota: La pregunta clave es ¿qué significa "ver televisión"? Los fanáticos de telenovelas alrededor del mundo hace rato que ven sus telenovelas gracias a Internet  y a un mercado negro de grabaciones. 


El Nacional de Venezuela publicó dos entrevistas importantes relacionadas con las telenovelas. Una de la protagonista de Flor Salvaje, Mónica Spear. Y la otra del escritor Alberto Barrera Tyszka, ganador del Premio Herralde de Novela con La enfermedad, quien acaba de publicar Rating, "una historia del espectáculo que a veces se parece al país".  




Mónica Spear: No puedo decir con propiedad lo que vive una prostituta
La internacionalización con la que sueñan los actores venezolanos ­y que a algunos tanto les cuesta­ no le fue difícil a Mónica Spear, protagonista de Flor salvaje, telenovela realizada por Telemundo y RTI. Los productores y la escritora Perla Farías habían visto su trabajo en el país, así que no lo pensaron mucho y la llamaron para interpretar a este personaje, que comienza como una niña inocente y se convierte, poco a poco, en la mujer más deseada de un bar. [Leer más...]




Alberto Barrera Tyszka: Las versiones melodramáticas de la vida son cruciales en nuestra identidad
En este proyecto de ficción que tardó casi una década en concluir, el libretista Manuel Izquierdo y Pablo Manzanares, un estudiante de Letras, tratan de encajar las reglas de las telenovelas en un reality show que reúne a siete damnificados (uno de ellos una actriz) en una casa con la promesa de que alguno se volverá rico de la noche a la mañana. [Leer más...]
Nota: No he leído esta novela todavía. (¡Me muero por hacerlo!) Pero en la entrevista Barrera habla de lo que significa el rating en la televisión. Sus frases representan a la perfección lo que he observado estudiando telenovelas por más de una década:
"El rating marca la ansiedad televisiva de todos, pues en esa industria la autoría es coral. El rating tiene la misma dinámica del poder. En Leviatán, el libro en el que Thomas Hobbes analiza las dinámicas del poder en las sociedades humanas, se dice que el ansia de poder sólo se sacia con más poder. Así es el metabolismo del rating: sólo se sacia con más rating."