
Se terminó el semestre y con él la clase sobre telenovelas. Y la última clase fue un bonito capítulo final sobre capítulos finales. Ese día movimos la clase de la tarde a la noche y del salón de clase a la sala de mi casa.

Ya mis alumnos habían visto los finales de las telenovelas a las cuales habían analizado durante el semestre: Rubí, Amor Real, Corazón Salvaje, Amarte es mi Pecado, Pasión de Gavilanes, La Mentira, Piel de Otoño, La Usurpadora, Los Ricos También Lloran y Dame Chocolate. Esa noche en mi casa discutimos varios tipos de finales de telenovelas, desde los más tradicionales con bodas para los protagonistas y castigos terribles para los villanos, hasta los menos típicos donde los protagonistas terminan juntos, pero sin necesidad de una boda clásica, y donde la impunidad hace acto de presencia.
Vimos también varios finales interesantes. Entre ellos, el de Juana La Virgen, que como la novela, fue básicamente "rosa" pero con una vuelta de tuerca interesantísima. En el caso de su capítulo final: el uso de la memoria de unos protagonistas ya ancianos.
Vimos el terrible y aleccionador final de la importante Sin Tetas No Hay Paraíso, serie colombiana que tiene los elementos de una telenovela: triángulos, secretos y melodrama, pero que es demasiado corta para ser considerada como tal, en mi opinión.
También tuvimos la oportunidad de ver en pantalla (y de leer el libreto) del último capítulo de Cosita Rica, la cual mantuvo borrosa la línea entre realidad y ficción hasta el último momento, con su larga posdata en la cual el joven Nixon fue presentando el final de cada una de las tramas de esa historia en el escenario de un teatro lleno de público.
(Galerías de fotos cortesía de Dani, foro Cosita Rica)
Y pudimos comparar el libreto del capítulo final de Ciudad Bendita con su puesta en escena en el trágico contexto del asesinato de Yanis Chimaras, horas antes de que se grabaran algunas de las escenas finales claves de esa exitosa telenovela. Fue la realidad mordiendo a la ficción. A lo largo de todos estos ejemplos conversamos sobre el tamaño de la distancia entre el libreto original y lo que salió en pantalla, y cómo fueron recibidos estos capítulos finales por el público y la prensa de entretenimiento.



Y para hacerle honor al hecho de que la clase era una aproximación a la cultura latinoamericana a través de las telenovelas, le preparé a mis alumnos una comida típica venezolana con pabellón criollo y arepas. Y de postre, lo mejor que sé hacer en la cocina: un Tres Leches, el cual acompañamos con la lectura de una carta especial que la actriz Marisa Román le envió a mis alumnos.


Fue el broche de oro para un semestre muy enriquecedor para todos. Enseñar y aprender siempre van de la mano. Como profesora me siento inmensamente satisfecha y agradecida.


