agosto 21, 2010

¿QUIERES PARTICIPAR EN MI ESTUDIO DE LA MUJER PERFECTA?


Mi actual caso de estudio es la telenovela venezolana La Mujer Perfecta. Su estreno está pautado para el próximo 1º de septiembre.

Si piensas ver el Capítulo 1 y te gustaría participar en mi estudio, envíame un mensaje a cacosta2410@gmail.com y te mandaré más información al respecto. Tu participación no te quitará mucho tiempo, ni te obligará a ver la telenovela completa.

Para los interesados, aquí está el diseño teórico y metodológico de dicho estudio, el cual incluye tanto los aspectos de escritura y producción de la novela, como los de su consumo:




¿Dudas o preguntas? Escríbanme a cacosta2410@gmail.com

¡Mil gracias!



agosto 18, 2010

Soy actriz y me llamo Beatriz Valdés (Parte II)


Aquí la segunda parte del importante y valiente escrito de Beatriz Valdés. (Puedes leer la primera parte aquí).

Todos lo debemos leer y reflexionar sobre su contenido:

Soy actriz y me llamo Beatriz Valdés (II)

Pero nunca me sentí tan triste y humillada como ahora, cuando el mismo canal que me contrata, como un talento de excelencia, no solamente permite que se me maltrate, sino que propicia que se me acuse públicamente de irrespeto hacia mis compañeros y de actitudes impropias de mí.

Nada que haya vivido se compara con esta sensación de soledad e intemperie que me invaden. Me siento miserable ante los ojos de mis compañeros y ante el público que me saluda en la calle. Me siento indigna de su afecto y eso es más de lo que pueda soportar, porque es una injusticia haber sido empujada a esta sensación.

Esta penosa realidad, la padecemos los actores y personas públicas en este momento, debido a la batalla por el rating. El mismo canal que me contrata, le proporciona micrófonos y pantalla a personajes que insultan el titulo de periodista, cuando a través de una sesión del programa
Portadas, inventan y difunden actos indecentes calumniando, incluso, a los actores que trabajamos para en canal.

Estos personajes, probadamente denigrantes, nos destruyen con la autoridad del canal, al punto de proveerle a
La Bomba, programa que transmite Televen, argumentos suficientes para alimentar más ofensa y más maltrato. Dentro de este contexto, fui víctima de difamación e injuria.

Esta realidad de la que mi gremio es víctima y de la que no se salvan, sobre todo, los espectadores, que aprenden así a odiar antes de amar, a regodearse con el ultraje, exacerbando lo peor de sí mismos, francamente, me sobrepasa.

No me afectan tanto las mentiras que escupen, como la triste realidad de que mis compañeros y yo tengamos que soportar, que en nuestra propia casa de trabajo, se permita y celebre que nos conviertan en carroña de los cuervos.

El actor es el más vulnerable de los artistas, porque trabaja con su institución humana. Desde el Ditirambo hasta hoy, el actor se entrega al espectador desde su misma perspectiva y a tamaño natural y si el actor no lo convence, el espectador le tira tomates. La metáfora de ese acto es permitido y aceptado, porque el público siempre tiene la razón y es el único que ostenta ese derecho. El actor ha desafiado a la realidad en el empeño creativo de ser más creíble que la propia vida y las únicas herramientas disponibles son sus emociones, sus sentimientos y su talento.

El actor es el único que goza cuando sufre, porque ese dolor lo acerca a su público. Somos los que lloramos y sangramos en el escenario y con sangre, nos ganamos el aplauso.

La buena noticia es que ese gozo nos dura toda la vida, así estemos viejos, feos y gordos, porque el talento no mide 90 60 90, ni se cuenta por las cotufas que nos pululen en la cabeza. El talento existe, incluso, si nos cierran un canal y si nos botan del teatro. Por eso me sorprende que sea con tanto maltrato, que
Venevisión pretenda quitarse la vergüenza del perdedor.

Por un momento pensé en averiguar los derechos legales de los actores y pedirle a las autoridades del canal una disculpa pública por el irrespeto hacia mi persona que había permitido, pero sé que no hay legalidad que me ampare, ni garantía de justicia que impida una actividad tan denigrante, que por demás, traiciona los principios fundamentales de la responsabilidad social para con su público, que está obligado a respetar un canal de comunicaciones. Sé que no se puede encontrar honor, donde prevalece lo contrario.

Por todo esto, y a riesgo de cualquier represalia laboral, expreso mi repudio e indignación por la programación denigrante con la que los canales compiten por un rating, fomentando la deformación del pensamiento y destruyendo la sensibilidad de un país, toda vez que promueven la deshonra de su familia cultural y de aquellos que, en esencia, podrían ser embajadores del mejoramiento humano.

Yo no soy ejemplo de nada. Tengo todos los defectos propios de una persona común y como cualquiera, unas veces doy la cara y otras la espalda, pero jamás he obrado con la intensión de maltratar a nadie. Más allá de mi manera de ser, siempre ha prevalecido en mí el respeto a mi gremio y el agradecimiento a este país que me recibió, con las complejidades de la vida, pero con una magnanimidad a la altura de la variedad de tantas comunidades como países hay en el mundo y que abriga bajo su cielo.

Y sí, estoy hablando de xenofobia, pero de una peor: hablo de una xenofobia profesional y humana que padecemos los actores y creadores en general. Es la mejor metáfora que me ha servido de contexto para expresarme ahora, porque por primera vez en Venezuela, me siento extranjera y no del país, sino de mi lugar de trabajo, de mi santuario creativo, de ese santuario que me permitió habitar personajes entrañables.

¿"Tanto nadar para morir en la orilla"? Jamás.

Soy actriz y me llamo Beatriz Valdés, eternamente cubana y venezolana por decisión. Con CI V21 516 916 para más datos.

Soy actriz contra todo riesgo y de este país profesional no me bota nadie.

(Publicado en el diario Tal Cual--Agosto 18, 2010).

agosto 17, 2010

Soy actriz y me llamo Beatriz Valdés (Parte I)

En mi caminar por las telenovelas he compartido muchas horas con los que trabajan en estos dramáticos. Ellos trabajan en un ambiente que necesita de la prensa y programación dedicada al espectáculo. A la vez, son cada vez más frecuentes las oportunidades en las que diarios, revistas y shows, con tal de vender copias o subir unos puntos en el rating, se convierten en el peor enemigo del talento que labora en nuestra televisión y escenarios.

Creo firmemente que en el verdadero periodismo no hay cabida para el chisme y la especulación. Mucho menos para la calumnia.

A su vez, el público sobreexpuesto a estos espacios, se desensibiliza y siente una creciente y falsa sensación de intimidad con las personas que son blanco de esos comentarios infundados y cuyo talento nos regala entretenimiento. Esa falsa sensación de intimidad hace que el público también se sienta con derecho a juzgar, a pesar de estarse alimentando con información falsa.

En relación a este tema, he aquí la primera parte de un escrito valiente e imprescindible de leer de una de las actrices más talentosas y comprometidas del continente: Beatriz Valdés.


Soy actriz y me llamo Beatriz Valdés

Hace 18 años, varios meses después de llegar a Venezuela, tuve que buscar desesperadamente un apartamento para mi compañero, mi hijo de 3 años y yo. Y un día, al fin, encontré una posibilidad que nos permitiría algo de paz. El apartamento me lo mostraba la administradora, a la que le dije que estaba interesada y me preguntó: ¿En qué trabajas?, Soy actriz... le dije....

Y de inmediato me gritó: ¡Ah, no! , ¡yo no hago tratos ni con artistas, ni con militares! No puedo describir con claridad la desolación que sentí en un instante y cómo aquella respuesta me catapultó al epicentro del juicio y la descalificación.

¿Ni artistas ni militares?... pensé... ¿Qué significa eso? ¿Es que ser actriz me convierte en desechable? Mis lágrimas fluían solas y, como pude, le pregunté por qué me decía eso, a lo que ella respondió que "ambas profesiones tenían muy mala reputación".

...Bueno le dije yo no sé de militares, pero no tengo por qué dudar de que sean buenas personas. Tampoco sé cuál habrá sido su experiencia con los artistas, pero yo le voy a contar la mía: yo llevo meses trabajando en este país, vine con mi hijo de 3 años, porque me enamoré de un venezolano y ahora no tenemos dónde vivir.

Han sido unos meses duros, sin casa y sin familia.

Sin embargo, este calvario se me ha hecho soportable gracias a mis compañeros de trabajo. Usted sabe de quiénes le hablo, porque debe haberlos sintonizado alguna vez a las 9 de la noche y, por alguna razón que no comprendo, ahora usted los juzga con tanta facilidad. Ellos me han dado cobijo y apoyo. Ellos han cuidado a mi hijo.

Ellos me han hecho sentir que éste es un buen país, en el que puedo llegar a sentirme en casa. De ellos he recibido amigabilidad y respeto a pesar de ser una "recién llegada" y de ser, potencialmente, una competencia. No sé qué experiencia ha tenido usted con los artistas, pero la mía me permite confiar en el ser humano, a pesar de saber que existen personas como usted.

Ese día marcó mi vida en Venezuela, porque entendí que mi valor e integridad personal dependían también de la opinión que se tuviera de mi profesión.

Pronto supe que al estigma de ser actriz tenía que agregarle el "detallito" de haber nacido en Cuba. Pero gracias a aquel incidente con aquella señora y al apoyo incondicional de mis compañeros, pude sobrevivir a otros eventos mucho más dolorosos.

Pude sobrevivir, por ejemplo, a la prohibición de mi participación en la TV venezolana, una vez que me negué a declarar en contra de mi país, condición que me exigió la productora que me contrataba, para continuar trabajando en ella. En esos largos años, mis compañeros y mi gremio me salvaron. José Ignacio Cabrujas se negó a sacarme intempestivamente de la novela en la que estaba participando, según la orden que le dieran las autoridades de la empresa.

Gracias a él, a quien no había visto nunca en persona, terminé su novela y la compensación de su respeto, me sirvió para retirarme con dignidad de un lugar en el que pretendieron que me traicionara a mí misma.

Tres largos y destructivos años después, en los que, sin poder trabajar, mi depresión arrasó hasta con mi relación de pareja, Radio Caracas Televisión, específicamente Cesar Bolívar, Gerente de Dramáticos en esa época, se impuso al veto que me impedía hacer televisión y junto con Fausto Verdial, me entregaron el personaje que me salvó de tanto desánimo. Libertad se llamaba y eso fue lo que sentí en toda la magnitud de la palabra.

Nunca olvidaré ese personaje, porque le entregué mis entrañas y me expresé a través de ella. Cada gramo de mi cuerpo vibró en una defensa entrañable de mí misma. Gracias a ella, tuve el privilegio de conocer y adorar a Mariano Álvarez, paradigma de la integridad y virtuosismo profesional y que se convirtió, junto con su familia, en la mía propia.

Gracias a ese veto, gracias a todo lo que me quitaron, pude ganar algo tan valioso.

Pude sobrevivir, también, a la vejación que sufrió mi hijo, cuando con 11 años, sus compañeros lo abuchearon a coro, en el patio de su colegio, gritándole: "cubano, marico, huevón... se va, se va, se va". Este evento lo sobrevivimos juntos y con altura, entre otras cosas, porque teníamos el respaldo de una familia elegida, gloriosamente representada por Elba Escobar y su hijo Simón, que se hermanaron con nosotros y nos ayudaron a comprender que un país quebrado sangra por lugares insólitos.

Con ellos lloramos por este país, cada vez más nuestro.

He estado en la boca del dragón y de mí se ha dicho que he habitado la cama de personajes ilustres o lamentables, según se mire el daño que se haya querido hacer. He hecho personajes duros y terribles y hay quienes han atribuido a mi carácter o a mi personalidad, algunas de sus actitudes extremas, pero siempre he pensado que eso forma parte del juego. He sido presionada a expresarme a favor de la conveniencia de la opinión que estuviera sobre el tapete y me he mantenido íntegra, con la conciencia de mis principios y la memoria de los valores con los que crecí, porque ellos me otorgan el derecho a expresarme en un ambiente de amor, si es eso lo que quiero para mí. He cuidado mi vida privada, con tranquilidad y sin aprovecharme, jamás, de aquello que pudiera alimentar ni chisme, ni centimetraje alguno. He concedido entrevistas a periodistas serios y respetables y me han tratado sin favoritismos pero con respeto y consideración y jamás he recibido ninguna queja ni de mi trato, ni de mis opiniones, todo lo contrario. Resumiendo, he recibido vejaciones que he podido superar, porque me ampara la opinión que tengo de mi misma y porque sé muy bien el delicado lugar que ocupo. Me he fortalecido con cada momento difícil y he crecido con cada experiencia.


(Diario Tal Cual--Agosto 17, 2010)
A la espera de la Parte II mañana...

junio 25, 2010

¿HA MUERTO LA TELENOVELA VENEZOLANA?


Ayer por primera vez en décadas la televisión venezolana no tuvo en su parrilla de programación ni una sola telenovela hecha en el país.

He recibido muchos correos electrónicos pidiendo mi opinión sobre esta lamentable coyuntura. También tengo semanas queriendo escribir aquí sobre el tema, pero sin tiempo para hacerlo debido a mis clases. Por lo tanto, a continuación el texto de una entrevista que me hicieron vía email al respecto. He allí lo que pienso:

- ¿Por qué cree que las telenovelas colombianas han desplazado a las venezolanas en el mercado internacional?

Hay varias razones: 1. La asociación entre las productoras colombianas y Telemundo (cuyo dueño es la cadena norteamericana NBC) ha logrado una poderosa mezcla de creatividad con altos presupuestos. 2. La telenovela colombiana no se produce bajo las restricciones de una Ley de Contenidos. 3. La telenovela colombiana no se produce en el ambiente que ha dejado en la TV venezolana la no renovación de la licencia de RCTV y la posterior salida del aire de RCTV Internacional. Estas medidas han traído como consecuencia aprehensión en la otra estación de televisión que produce telenovelas en Venezuela. El resultado de las razones 2 y 3 es una telenovela menos atractiva, menos arriesgada y menos contemporánea porque es excesivamente escrupulosa. 4. Las telenovelas colombianas no se producen bajo el esquema cambiario y con las devaluaciones que existen en Venezuela, las cuales inciden en la actualización de nuestros equipos y el entrenamiento de nuestro personal. 5. Las telenovelas colombianas han sido mejor mercadeadas en el mercado internacional que las venezolanas.

- Algunos autores aseguran que en Venezuela pasa lo mismo. La telenovela colombiana irrumpió con creatividad y por eso ocupa los horarios estelares en Venezuela. ¿Qué comentario tiene al respecto?

La telenovela colombiana co-producida con Telemundo ocupa el horario estelar actualmente porque Televén descubrió que les resultaba mejor que las telenovela brasileñas que habían colocado por años en su prime time. Las telenovelas de Brasil eran aceptadas en Venezuela sólo por las clases altas, las Telemundo-colombianas sí “suben cerro”. Esa es una razón, pero hay otras. El cierre de RCTV saca de circulación a uno de nuestros dos grandes productores de telenovelas. Eso empobreció tremendamente a nuestra televisión y a nuestra industria de la telenovela. Primero, porque es una opción menos. Segundo, porque al no tener aparente competencia, bajó la calidad de las telenovelas de Venevisión. Hubo una falsa sensación de seguridad en el mercado nacional y una priorización del mercado internacional que, aunado a los problemas de ambiente político, leyes y presupuesto explicados en la pregunta anterior, le bajaron paulatinamente la calidad a las telenovelas de Venevisión y las desconectaron del gusto de nuestro público al punto en el que estamos ahorita, en el que el mismo canal no tiene otra alternativa que colocar novelas hechas en Colombia en su prime time.

- ¿Cómo calificaría el momento que atraviesa la telenovela venezolana en este momento en el país?

El momento es crítico. Nuestra industria está empobrecida y todos los que trabajan en ella están en una situación laboral dificilísima. Pero eso no significa que no hay futuro.

- ¿Qué futuro le vislumbra a la producción dramática nacional?

Tenemos inmenso talento tanto a nivel de autores como de actores. También en nuestros estudios de televisión hay una serie de héroes y heroínas anónimos que trabajan detrás de las cámaras en la producción y dirección. En todos esos grupos hay capacidad y entrega. Yo confío en que el talento se impondrá sobre el contexto adverso en el que trabajan.

- Como estudiosa en la materia. ¿La telenovela venezolana debería evolucionar, es decir tomar un nuevo rumbo, que ya no sea ni rosa ni de ruptura?

Hoy en día las historias originales tienen elementos tanto del género rosa como del de ruptura. No están en ninguno de los dos extremos. La telenovela venezolana en mi opinión tiene que volver a hablarnos a los venezolanos primero y recuperarnos como público. El mercado internacional vendrá después, y sólo si tenemos una estrategia de mercadeo más eficiente y honesta. Es clave que nuestra industria telenovelera nunca subestime la inteligencia del público y luche contra la fuerte tendencia de la cultura popular a repetirse a sí misma.

- ¿Algún mensaje para los escritores de dramas venezolanos?

Sería absolutamente pretencioso de mi parte decirle nada a nuestros escritores. Conozco de cerca las dificultades, esfuerzo y angustias del trabajo de escribir telenovelas. La mayoría de la gente no tiene idea del número de horas que pasan ideando, escribiendo, revisando y cuestionando los detalles de unas historias que tienen que ser escritas a velocidad industrial. Mi mensaje más bien es para los que toman las decisiones del negocio. Para obtener buenos resultados hay que diseñar estrategias basadas en la investigación y observación rigurosa del género y su público. También hay que apoyar más a nuestros escritores, actores, directores y trabajadores del área de la producción con salarios y condiciones de trabajo acordes con su trayectoria.